"Aclaraciones útiles"

mayo 4, 2010

“El Señor se ha expresado adaptándose para ponerse a mi alcance”

Un error trinitario sólo puede ser si se hizo una afirmación clara de la siguiente naturaleza:
“En Dios no hay ninguna relación de origen”,
“Sólo hay una persona en Dios”,
“El Padre, Hijo y Espíritu Santo son la misma persona “,
” Yo, Jesús Cristo, soy la misma persona con el Padre y el Espíritu Santo “,
“El Padre, Hijo y Espíritu Santo se identifican como personas divinas, y no se distinguen entre sí como personas.”
No hay tales declaraciones heréticas que no se ajusten a la enseñanza de la Iglesia en los escritos de Vassula
.”*

Ya que la misma CDF a través de su actual prefecto, Mons. Levada nos indica que tenemos la posibilidad de leer la obra la Verdadera Vida en Dios en el contexto de la correspondencia CDF-Vassula,  publicada en el volumen 12 por pedido del anterior prefecto, es conveniente hacerlo prestando atención.

Hay una diferencia de enunciado entre la notificación de 1995 y la pregunta que le realiza a Vassula la CDF en el 2002 en relación a la ambigüedad terminológica sobre la Santísima Trinidad. En el primer documento la ambigüedad terminológica  daba lugar a dos supuestos errores doctrinales: la confusión de los nombres dados a las Divinas Personas y en sus funciones. (Cf. Sobre el tema relaciones, misiones y apropiaciones de las Divinas Personas consultar  aquí). En las preguntas del consultor, en cambio sólo se hace referencia a un lenguaje ambiguo diferente al de los catecismos clásicos. Es lógico el cambio de posición ya que el cuidadoso procedimiento utilizado por la CDF para identificar errores doctrinales en una obra puesta a su consideración ha sido ya realizado, mientras en 1995 sólo se ha actuado de oficio sobre fragmentos de la obra.

La explicación de Vassula es simple:

“Respecto a esto voy a tratar de explicar lo mejor que pueda el dilema de lenguaje, recordándole que no soy una teóloga que puede expresarse de una manera técnica o recibe palabras de lo alto en terminología oficial. Está claro que el Señor se ha expresado del modo que yo era capaz de entender, adaptándose para ponerse a mi alcance. No me habla ni en una teología escolástica, aunque tampoco lo hizo mientras estaba en la tierra, cuando dijo: “El Padre y Yo somos Uno” (Jn 10, 30), ni tampoco en la de S. Pablo cuando escribió: “El Señor es el Espíritu” (II Co 3, 17). A Bernardette de Lourdes, María le habló en el dialecto local, que no era buen francés. Incluso, en los libros inspirados de la Escritura, he aprendido que hay una diferencia notable entre el griego refinado de S. Lucas y el lenguaje sencillo de S. Marcos. Sta. Catalina de Siena explicó en una ocasión, en su Diálogo: “Tú eres mi Creador, Trinidad Eterna, y yo soy tu criatura. Has hecho de mí una creación nueva en la sangre de Tu Hijo” . 14 Llamar a Cristo Hijo de la Trinidad suena heterodoxo pero tomamos esta parte, en la medida de lo posible, en el buen sentido…

Así que es perfectamente normal que Cristo emplee al principio mi nivel de vocabulario, más bien que el lenguaje de un teólogo. A veces articulé palabras salidas de mi experiencia personal de Dios y expresé lo que había sentido en los términos que me venían espontáneamente, sin mucha reflexión crítica sobre cómo les sonaría a los demás o si podía ser mal interpretado. Expresar con palabras misterios divinos era bastante duro para mí y más aún cómo debería uno expresar esos misterios divinos de manera apropiada, en el lenguaje tradicional. Los teólogos, por el contrario, usan un vocabulario que ha sido cuidadosamente depurado por muchos siglos de discusión.”

No observamos ni en la notificación ni en la preguntas del consultor ninguna referencia a errores relativos a que las Divinas Personas son una o tres según la ocasión como dicen uno de los críticos de la obra. Estas supuestas herejías fueron adjudicadas por un analista de las respuestas de Vassula en base al adverbio “cuando” en una descripción que la misma intenta dar de una visión.

 La explicación de Vassula de la visión de tres círculos de luz saliendo uno del otro ella la remite al Credo niceno y a Simeón el teólogo. No se trata de una respuesta sin fundamento teológico ni tiene nada de extraño que Vassula haya sido orientada para ello por teólogos de su confianza ya que eso mismo le aconseja el P. consultor de la CDF.

Uno de los consultores de Vassula ha sido el Padre O´Caroll, y el ha encontrado interesantes similitudes entre la VVeD y Simeón el Teólogo que han sido publicadas con anterioridad a las respuestas de Vassula.

La visión de Vassula de los tres circulos de luz que se hacen uno no son tan distantes de las visiones y dibujos de otra mística, Santa Indelgardis, del siglo XII:

“Después vi una luz muy esplendorosa (serenissimam lucem) y, en ella, una forma humana del color del zafiro (sapphirini coloris), que ardía entera en un suave fuego rutilante (rutilante igne). Y esa esplendorosa luz inundaba el fuego rutilante, y el fuego rutilante, la esplendorosa luz ; y la esplendorosa luz y el fuego rutilante inundaban toda la forma humana, siendo una sola luz en una sola fuerza y potencia.” (Scivias)

Tampoco la notificación de 1995  o el consultor P. Prosper Grech de la Congregación en el 2002 realizan alguna referencia acerca de que la unidad trinitaria no sea de naturaleza sino fruto de un acuerdo entre las Divinas Personas como tres amigos” como sostiene un artículo aparecido en  Cristiandad.org  y que sigue siendo citado como válido en la Intermet en una versión sin fecha, aunque su publicación es anterior a la aceptación de las respuestas de Vassula sin objeciones por parte de la CDF y a su publicación sin comentarios por pedido del prefecto en el volumen 12 de la VVeD.

Uno de los problema de algunos teólogos adversos es que evalúan la VVeD como si fuera un tratado de teología escrito por una alumna descuidada en un examen de fin de curso. Como nos lo ha enseñado el Cardenal José Ratzinger en la estructura antropológica de la visiones:

“la « visión interior » no es una fantasía, sino una propia y verdadera manera de verificar, como hemos dicho. Pero conlleva también limitaciones. (…) En la visión interior se trata, de manera más amplia que en la exterior, de un proceso de traducción, de modo que el sujeto es esencialmente copartícipe en la formación como imagen de lo que aparece. La imagen puede llegar solamente según sus medidas y sus posibilidades. Tales visiones nunca son simples « fotografías » del más allá, sino que llevan en sí también las posibilidades y los límites del sujeto perceptor. Esto se puede comprender en todas las grandes visiones de los santos; naturalmente, vale también para las visiones de los niños de Fátima. Las imágenes que ellos describen no son en absoluto simples expresiones de su fantasía, sino fruto de una real percepción de origen superior e interior, pero no son imaginaciones como si por un momento se quitara el velo del más allá y el cielo apareciese en su esencia pura, tal como nosotros esperamos verlo un día en la definitiva unión con Dios. Más bien las imágenes son, por decirlo así, una síntesis del impulso proveniente de lo Alto y de las posibilidades de que dispone para ello el sujeto que percibe, esto es, los niños. Por este motivo, el lenguaje imaginativo de estas visiones es un lenguaje simbólico.”

Lo dicho de la visión es aplicable también a la locución interior.  Y no es lo mismo el lenguaje depurado de un tratado dogmático que el de una madre hablando con su niño en una catequesis familiar. “Está claro que el Señor se ha expresado del modo que yo era capaz de entender, adaptándose para ponerse a mi alcance” dice Vassula. Con los criterios que emplean los críticos para hablar de herejías la mayoría de las madres cristianas las dicen todo el tiempo cuando hablan con sus niños pequeños sobre Dios y la Virgen.

Lo más lamentable de estos críticos es que se olvidan que para el alma el conocimiento fundamental de la Santísima Trinidad es alcanzar la gracia de Su contemplación.

La VVeD no es el catecismo de los obispos, un registro ordenado de la doctrina de la Iglesia, sino que es el registro de un proceso de santificación, de un diálogo íntimo y personal entre Dios y su criatura – no la más dotada ni la más santa sino elegida especialmente por ser todo lo contrario – en el que Dios nos muestra como la va transformando en un espejo de Si mismo a través de la oración contemplativa de Su Santidad y de las sucesivas purificaciones de las imperfecciones e impurezas del alma que se abandona en Sus manos. 

Más información aquí.

* P. Michal Kaszowski, profesor de teología en el Seminario Arquidiocesano, Katowice, Polonia.

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1 comentario »

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    Comentario por admin — agosto 24, 2011 @ 6:30 pm | Responder


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