"Aclaraciones útiles"

mayo 10, 2010

Un Nuevo Pentecostés no es milenarismo.

 “El que ama a Cristo es el que sabe oír su voz. ” (Basilio de Seleucia, obispo. Homilía 26 sobre el Buen Pastor; PG 85, 299-308)

En las entradas anteriores vimos que la CDF no encontró errores doctrinales contra la fe católica en la Verdadera Vida en Dios. En esta entrada y las siguientes veremos aquellas expresiones ambiguas que la misma CDF le pidió a Vassula que aclarara.

Comenzamos con el lugar del Nuevo Pentecostés en la historia de la salvación.

En la notificación de 1995 la CDF sostuvo que en la obra Se profetiza, en clave milenarista, una intervención resolutiva y gloriosa de Dios, que estaría a punto de instaurar sobre la tierra, antes de la venida definitiva de Cristo, una era de paz y bienestar universal.”(Notificación 1995). En la carta del 2002 del consultor P. Prospero Grech, OSA, (pregunta 4) luego del análisis de la obra realizada por los expertos de la misma CDF, se la indaga a Vassula en los siguientes términos: ¿cómo concibe usted el lugar que ocupa el Nuevo Pentecostés dentro de la historia de la salvación, con relación a la parusía y la resurrección de los muertos? ( Cf. Carta del 4 de abril de 2002, en  Correspondencia CDF-Vassula Rydén).

La respuesta de Vassula es directa y clara: “En los escritos de La Verdadera Vida en Dios hay muchos pasajes con términos como Cielos Nuevos y Tierra Nueva así como Segundo Pentecostés o, a veces, con el término de Nuevo Pentecostés, pero hay que entenderlos en sentido metafórico. No hay que buscar la realización de estas palabras en una ruptura con nuestra historia antes de la Segunda Venida, estableciendo una segunda economía de la historia.  Las palabras expresan la esperanza suprema de que Cristo nos renovará desde el interior por el poder del Espíritu Santo. Es una renovación de la fe y una renovación de la Iglesia que tanto ansiamos. Y el fruto que esperamos de esta renovación es la sanación del cisma en el Cuerpo de Cristo. “

También dice:

“Mis escritos no hablan sobre cuándo sucederá esto o hasta que punto podrá el
Señor construir su reino como todos esperamos y pedimos cuando rezamos el Padre
Nuestro: “Venga a nosotros Tu Reino”. Creo que ya ha empezado en nuestro
interior, y su crecimiento incluirá siempre nuestra colaboración y buena
voluntad. Creo que ya ha comenzado una renovación, pero llega lentamente como la
marea del mar que nadie puede detener.

El Nuevo Pentecostés o Segundo Pentecostés es la esperanza de nuestra renovación. Es una efusión del Espíritu Santo que renovará la creación. En La Verdadera Vida en Dios se compara con  Apocalipsis 21″

El Papa Juan Pablo II se refería a este Pentecostés espiritual que sanará la división entre bautizados en el discurso de despedida de Rumania en 1999:

“Rumanía es una casa en la que Oriente y Occidente entablan con naturalidad el diálogo. También la Iglesia respira aquí, de modo particularmente evidente, con sus dos pulmones. Y durante estos días hemos podido experimentarlo. Todos juntos, como Pedro, Andrés y el resto de los Apóstoles reunidos en oración con la Madre de Dios en el primer cenáculo, hemos vivido un nuevo Pentecostés espiritual. El viento del Espíritu Santo ha soplado con fuerza sobre esta tierra, y nos ha impulsado a ser más firmes en la comunión y más audaces en el anuncio del Evangelio. Hemos practicado y gustado la dulzura y la belleza, la fuerza y la eficacia de la lengua nueva que se nos ha dado, la lengua de la comunión fraterna. “VIAJE PASTORAL A RUMANIA. DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II EN LA CEREMONIA DE DESPEDIDA- 9 de mayo de 1999.

También lo hizo en referencia a la renovación de los cristianos en la semana de la unidad del 2003 por medio de la acción del Espíritu Santo:

“El ecumenismo espiritual se realiza en primer lugar por medio de la oración elevada a Dios, cuando es posible, en común. Como María y los discípulos después de la ascensión del Señor, es importante seguir reuniéndonos e invocando asiduamente al Espíritu Santo (cf. Hch 1, 12-14). A la oración se añade la escucha de la palabra de Dios en la sagrada Escritura, fundamento y alimento de nuestra fe (cf. Dei Verbum, 21-25). Por otra parte, no existe acercamiento ecuménico sin conversión del corazón, sin santificación personal y renovación de la vida eclesial.”

Vassula, luego de citar al Papa Juan XXIII rogando por un Segundo Pentecostés dice :

Del mismo modo, mis escritos hablan en lenguaje metafórico de un renacimiento de la fe, a fin de que el Señor pueda erigir su Trono y construir su reino en nuestras almas: “Venid y aprended: los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva serán cuando establezca Mi Trono en vosotros, porque daré gratuitamente agua del pozo de Vida a cualquiera que tenga sed(03.04.1995, cf. Ap.21,6). (…)

Continúa diciendo Vassula: “El Señor me favoreció enseñándome el estado de la fe en los cristianos de nuestro tiempo. Era deplorable y eso es lo menos que se puede decir. Muchos mensajes están llenos de dolor al describir la apostasía que ha caído sobre el mundo cristiano. Pero el Señor nos da esperanza, participándonos que habrá (hay) una renovación, una transfiguración y un renacimiento por la acción del Espíritu Santo. Una sed de Dios será dada por gracia, a través del Espíritu Santo. He aquí algunos extractos: “Mi Espíritu Santo os sacará de vuestra gran apostasía, para desposaros; la miseria de vuestra era se despegará de vosotros porque, con Mi propia Mano, desenvolveré vuestro sudario de muerte para revestiros con los vestidos de vuestra boda…” (20.10.1990). “Haré nueva la creación entera. Os renovaré a todos con mi Espíritu Santo(27.06.1991).

Mis escritos – dice Vassula –  no hablan sobre cuándo sucederá esto o hasta que punto podrá el Señor construir su reino como todos esperamos y pedimos cuando rezamos el Padre Nuestro: “Venga a nosotros Tu Reino”. Creo que ya ha empezado en nuestro interior, y su crecimiento incluirá siempre nuestra colaboración y buena voluntad. Creo que ya ha comenzado una renovación, pero llega lentamente como la marea del mar que nadie puede detener. El Nuevo Pentecostés o Segundo Pentecostés es la esperanza de nuestra renovación. Es una efusión del Espíritu Santo que renovará la creación. En La Verdadera Vida en Dios se compara con Apocalipsis 21. “

El actual Papa, Benedicto XVI, nos alentó a tener esperanza y aun a rogar esta renovación de los corazones y a comenzar a vivir en el presente las promesas del Reino en varias ocasiones como en la catequesis sobre la Parusía en San Pablo:

“Ciertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que acabe este mundo injusto. También nosotros queremos que el mundo cambie profundamente, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto. Pero ¿cómo podría suceder esto sin la presencia de Cristo? Sin la presencia de Cristo nunca llegará un mundo realmente justo y renovado. Y, aunque sea de otra manera, totalmente y en profundidad, podemos y debemos decir también nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: ¡Ven, Señor! Ven a tu modo, del modo que tú sabes. (…)Ven a tu modo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestro corazón, ven y renueva nuestra vida. Ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia tuya. En este sentido oramos con san Pablo: Maranà, thà! “¡Ven, Señor Jesús”!, y oramos para que Cristo esté realmente presente hoy en nuestro mundo y lo renueve.

También lo hizo en la fiesta de la Asunción:

“Y ahora, un último punto. Desde antiguo, la fiesta de la Asunción ha sido acompañada por la costumbre de bendecir las plantas. Esta fundada en la creencia popular de que, cuando se abrió el sepulcro de María, su interior exhaló efluvios aromáticos de plantas y de flores. Apoyémonos en ello para decir que, cuando el hombre hace su vida con Dios y para Dios, también de nuestra tierra brotan flores, y se desprenden perfumes y cantares. Y lo contrario: que la inmundicia de las almas contamina nuestra tierra y la destroza, según estamos viendo. De aquí que, para nosotros, esas plantas constituyan un símbolo del misterio de María, una señal de la consonancia entre los Cielos y la tierra. Ellas nos dicen que, si la tierra ha de florecer, será cuando y donde admitamos a Dios en ella volviéndonos nosotros hacia El. Con este espíritu, las llevaremos a nuestras casas como signo de que esperamos una tierra nueva; como signo de que nuestro Dios, que ha de crear unos Cielos nuevos y una tierra nueva, los hace ya florecer en cualquier parte donde los hombres aciertan a vivir en armonía con Su amor.La Asunción de María. Homilía del Cardenal J. Ratzinger publicada en el libro publicado por Eunsa: “De la mano de Cristo”

La misma idea expreso Jesús en la Verdadera Vida en Dios:

“Cuando Mi Día venga, retiraré todo el mal y lo pondré bajo llave. Yo, el Señor del Amor, haré que esta Nueva Tierra germine con las semillas del Amor […] El Amor reinará en todos los corazones y la Virtud será llevada como una corona por todo Mi pueblo de Mi Nueva Tierra” (10-11-88).

Tal vez lo que falta para comprender y desear los frutos posibles del Nuevo Pentecostés en las almas de esta generación de bautizados tan incrédula – quisquillosa la llama el Padre en VVeD- se encuentre en la referencia a  la theosis en la carta apostólica Orientale Lumen de Juan Pablo II :

 “La participación en la vida trinitaria se realiza a través de la liturgia y, de modo especial, la Eucaristía, misterio de comunión con el cuerpo glorificado de Cristo, semilla de inmortalidad(13). En la divinización y sobre todo en los sacramentos la teología oriental atribuye un papel muy particular al Espíritu Santo: por el poder del Espíritu que habita en el hombre la deificación comienza ya en la tierra, la criatura es transfigurada y se inaugura el Reino de Dios. (…) Se puede resumir en el pensamiento ya expresado por san Ireneo al final del siglo II: Dios ha pasado al hombre para que el hombre pase a Dios(14). Esta teología de la divinización sigue siendo uno de los logros más apreciados por el pensamiento cristiano oriental(15).”

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