"Aclaraciones útiles"

mayo 31, 2010

Desear la unidad: ¿herejía contra el Credo de la Iglesia?

“Yo te he comprometido en este apostolado de Unidad y al hacerlo te he honrado al comprometerte a Mi Cruz, para que puedas absorber todas sus fases. ¡Abrázala con amor y recuerda Su victoria!” (VVeD – 03.03.1999 )

“El serio deber de conversión a Cristo es el camino que conduce a la Iglesia, con los tiempos que Dios dispone, a la plena unidad visible” BXVI, 23 de enero de 2011

Lo extraordinario acerca de esta vía hacia la unidad basada en el amor es que ya está abierta de par en par ante nosotros. No podemos «quemar etapas» en cuanto a la doctrina, porque las diferencias existen y hay que resolverlas con paciencia en las sedes apropiadas. Pero podemos en cambio quemar etapas en la caridad, y estar unidos desde ahora. El verdadero y seguro signo de la venida del Espíritu no es -escribe san Agustín– hablar en lenguas, sino que es el amor por la unidad: «Sabéis que tenéis el Espíritu Santo cuando accedéis a que vuestro corazón se adhiera a la unidad a través de una sincera caridad»(P. Raniero Cantalamessa,«La túnica era sin costura» predicación de viernes santo ante el Santo Padre, 21 de marzo de 2008).

________________________________________________________ 

 No obstante que la CDF analizó la obra la Verdadera Vida en Dios, concluyó que no hay errores doctrinales y aceptó las respuestas de Vassula acerca de la unidad y el papel del obispo de Roma, circulan por la Internet dos artículos que sostienen que la VVeD evidencia una herejía contra la unidad de la Iglesia. Para argumentarlo utilizan el método errado que ya señalamos en otras críticas, que consiste en buscar frases en la obra que permitan justificar sus propias ideas en contra de la misma. Sería ocioso dedicarles  un tiempo que podría ser mejor utilizado si no fuera que sus ideas se difunden por la Internet desde sitios católicos prestigiosos  y se las cita en los foros y blog como si fueran fruto de una catequesis magisterial.

  “Yo deseo la unidad. Yo deseo que Mi Iglesia sea Una” (I, 231).
“Mi Iglesia será unida y bendecida. Mi Iglesia será una” (II, 15).

 La primera frase en el contexto original de la Verdadera Vida en Dios es una llamada de Jesús a la unidad de  los sacerdotes por medio del Amor:

 “Los sacerdotes deben comprender que la unidad refuerza el Amor, la unidad favorece el Amor. ¿Por cuánto tiempo reinará entre ellos la discordia? El Amor es la unidad. Mi Amor los une a Mí. Mi Iglesia es débil por causa de sus discordias. Yo deseo la unidad. Yo deseo que Mi Iglesia sea una.” 20.05.87   

La segunda Jesús profetiza la realización de lo que pedimos en el Padre Nuestro:

 Vassula, Yo siempre consigo Mis objetivos. Ven y te contaré. Un día, Mi Reino de la tierra será como el del Cielo; Mi Iglesia estará unida y bendecida, pues todos Mis fieles se comprenderán. Ensalzada por Mi Mano y purificada por Mi Sangre, Mi Iglesia será Una.16.10.87 

Pero los autores críticos afirman que son contradictorias con la profesión de fe del Credo:

  Para el católico se presenta un problema grave. ¿Cómo creer en lo que “Jesús” nos dice aquí y en lo que rezamos en el Credo de los Apóstoles?: “Creo en la Iglesia, Una, Santa…”. ¿Cómo conciliar las dos afirmaciones? Evidentemente, desear la unidad implica afirmar que la Iglesia aún no es Una.

 La frase en negrita, además de ser contraria a la enseñanza ecuménica, ya nos indica que desconocen el carácter dinámico del misterio de la unidad de la Iglesia. Dice el teólogo José Ratzinger desde “El Nuevo Pueblo de Dios. Esquemas para una eclesiología”, publicada por primera vez en 1969 en alemán y reeditada en español por Herder en 2005:

En el entrecruzamiento y unión de estas dos relaciones desiguales (desde Cristo a la Iglesia y desde la Iglesia a Cristo) dentro de la relación única, que describimos con la palabra “un cuerpo”, radica el verdadero misterio de la Iglesia en el tiempo. Y en el hecho de que en esta relación se dan la mano y entrecruzan las dos relaciones opuestas, se funda también el que la Iglesia sea ya nueva alianza y no sea todavía Reino de Dios. (…) Los padres expresaron este hecho en la tríada de sombra –imagen- realidad. La Iglesia no es ya para ellos mera “sombra” como en el Antiguo Testamento, pero tampoco es aún realidad, plenitud de la promesa, sino imagen, “intermedio”, en que se da ya lo nuevo, se goza ya de lo definitivo de la unión irrevocable, pero imperan todavía la infidelidad y la apostasía permanentes, de suerte que la unión impenetrable de ambas constituye la verdadera figura de la Iglesia en este período intermedio.

 Pero sigamos leyendo a los críticos que siguen citando frases de la VVeD que les permitan probar sus ideas previas:

  “Evidentemente, desear la unidad implica afirmar que la Iglesia aún no es Una, y Vassula pone en la boca de Nuestro Señor muchísimas frases del mismo tono:

“Todas son Mis Iglesias. Son Mías. Me pertenecen todas y sólo a Mí. Yo Soy la Iglesia”.  (10.06.87)

 “Tú puedes venir a estar Conmigo, no importa cuándo ni en qué Iglesia. No hagas distinciones como los otros. Todas ellas me pertenecen” (I, 263).” 10.06.87 

 “Ellas son todas semejantes entre sí a Mis ojos. Yo jamás quise que Mi cuerpo fuese separado. Fuisteis vosotros quienes Me desmembrasteis; ¡vosotros deliberasteis sobre Mi cuerpo! Vosotros me hicisteis separado…” (II, 28). 10.06.87 

 “¡Ortodoxos! ¡Católicos! ¡Protestantes! ¡Vosotros me pertenecéis! Vosotros sois UNO ante Mis ojos. ¡Yo no hago distinción alguna!” (II, 29). (27.10.87)

Estas frases aisladas que se justifican en la unidad  (no plena pero real) de los cristianos de  las diferentes denominaciones por efecto del sacramento único del bautismo las confrontan con otras proposiciones aisladas  extractadas de documentos conciliares, encíclicas y bulas sin hacer mención ni a los contextos históricos en los cuales se enunciaron ni a la profundización teológica de los conceptos que se han producido en y desde el CVII.

 “La fe católica afirma que
“hay sólo una Iglesia universal de los creyentes fuera de la cual nadie puede salvarse”. Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Lateranense, 1215 A. D.
  “Nosotros declaramos, decimos, y definimos, y pronunciamos que es completamente necesario para la salvación de cada criatura humana estar sujeto al Pontificado romano”. (Papa Bonifacio VIII, Bula Unam Sanctam, 1302 D.C.

Recientemente, Su Santidad Pablo VI (1963-1978) se dirigió al mundo en los días del Concilio Vaticano II recordándonos:

“Fuera de este cuerpo, el Espíritu Santo no da vida a nadie… Aquellos que están fuera de la Iglesia no poseen al Espíritu Santo. Solo la Iglesia católica es el Cuerpo de Cristo… y si un hombre se separa del Cuerpo de Cristo, no es uno de Sus miembros, ni es alimentado por Su Espíritu”.

  Luego de citar estos párrafos con un uso retórico de las enseñanzas del Magisterio para imponer sus propias ideas hacen su propia exégesis acomodaticia de la encíclica Mystici Corporis Christi, desconociendo  el desarrollo posterior del CVII: 

 “Sobre el problema particular de la gravedad de las herejías sostenidas por Vassula, citaremos un documento del Magisterio de extrema importancia: La encíclica Sobre el Cuerpo Místico de Jesucristo, del Papa Pío XII (Mystici Corporis Christi, Pío XII, Documentos pontificios, Editorial Voces, 1950), que responde directamente lo contrario a lo afirmado por “Jesús” sobre su desmembramiento: Inicialmente el Papa va a explicar el significado “Cuerpo Místico de Jesucristo”.
 “10. Que la Iglesia es un cuerpo, nos enseñan muchos pasajes de la Sagrada Escritura. “Cristo, dice el Apóstol, es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia” (Col. 1, 18). Ahora, si la Iglesia es un Cuerpo, debe necesariamente ser un todo sin división, según aquella sentencia de Pablo: “Nosotros, muchos, somos un solo cuerpo en Cristo” (Rom. 12, 5). Y no sólo debe ser un todo sin división, sino también algo concreto y visible, como afirma nuestro Predecesor de feliz memoria León XIII en la encíclica Satis cognitum: “Por eso mismo que es un cuerpo, es la Iglesia visible a los ojos” (cfr. A.S.S., XXVII, p. 710).
 11. Están pues lejos de la verdad revelada los que imaginan a la Iglesia por forma, que no se puede tocar ni ver, sino que es apenas, como dicen, una cosa “pneumática” que une entre sí con vínculo invisible muchas comunidades cristianas, a pesar de estar separadas en la fe”.
  En el pasaje de arriba destacamos dos conceptos básicos que profundizaremos a continuación y que son: a) el Cuerpo debe necesariamente ser un Todo, sin división y b) la Iglesia no es una cosa “pneumática”, esto es, espiritual, que une entre sí con un vínculo invisible a muchas comunidades cristianas, aún cuando estén separadas por la fe. O sea, las diversas comunidades llamadas “cristianas”, que no participan de la misma fe de la única y verdadera Iglesia de Cristo, que es la Iglesia Católica Apostólica Romana, están fuera del Cuerpo de Jesucristo, y por lo tanto no afectan la unidad de la Iglesia. Oigamos al Papa Pío XII:
“20. Como miembros de la Iglesia se cuentan realmente sólo aquellos que recibieron el sello del Bautismo y profesan la verdadera fe, no se separan voluntariamente del organismo del cuerpo, ni fueron de él cortados por la legítima autoridad en razón de culpas gravísimas. “Todos nosotros, dice el Apóstol, fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo, judíos o gentiles, esclavos o libres” (I Cor. 12, 13). Por lo tanto, como en la verdadera sociedad de los fieles hay un solo Cuerpo, un solo Espíritu, un solo Señor, así no puede haber sino una sola fe (cfr. Efe. 4, 5), y por eso quien rechaza oír a la Iglesia, ordena el Señor sea tenido por gentil y publicano (cfr. Mateo 18,17). Por consiguiente, los que están entre sí divididos por la fe o por el gobierno, no pueden vivir en este Cuerpo único ni de su único Espíritu Divino”.
Ahora bien, ¿cuáles son los errores gravísimos que pueden justificar la separación de este cuerpo que es la Iglesia? Pío XII responde:
“Ni todos los pecados, aún graves, son en su naturaleza tales que separen al hombre del cuerpo de la Iglesia como hacen los cismas, la herejía y la apostasía”.

  Dejaremos que el teólogo José Ratzinger les vuelva a contestar desde la misma obra ya citada: 

  Problemáticas de las posiciones preconciliares

 Iglesia e Iglesias:

  /259/ Las encíclicas de Pío XII (Mystici Corporis, 1943 y Humani Generis, 1950) presentan para ello (la cuestión de lo que significa propiamente escisión de la cristiandad, unidad eclesiástica y quién o qué sea “la Iglesia”) una solución demasiado simple. Según ellas, no hay en el fondo escisión alguna. Porque quien no pertenece a la Iglesia católico romana no pertenece, reapse, en realidad, a la Iglesia. La unidad de la Iglesia consiste en su unidad bajo el Papa; no puede, consiguientemente, perderse, porque quien está fuera de ella, está por lo mismo fuera de la Iglesia, la cual permanece así siempre indivisa, siempre una y sin escisión. Así, desde este horizonte, no puede en el fondo hablarse en absoluto de una escisión de la Iglesia.  A decir verdad, esta solución no se mantiene luego consecuentemente, en cuanto que se reconoce a los cristianos no católico- romanos el bautismo válido y, por lo tanto, el ser cristianos. Comoquiera que no puede darse, cabalmente según la concepción católica, un ser de cristiano ineclesial y, por otra parte, es indiscutible la existencia de cristianos fuera de la Iglesia católico romana, debe concederse alguna forma de escisión de la Iglesia, forma que teológicamente queda, sin embargo perdida entre nieblas. Falla así el intento de descartar el problema ecuménico como problema, y el remedio intentado se demuestra inviable. /260/

 La respuesta del Concilio

 /262/ La lengua oficial de la Iglesia no ha cesado nunca de llamar ecclesiae, sin perjuicio de su separación, a las iglesias orientales separadas. He aquí un hecho nunca incorporado a la teología sistemática, pero que por eso debe tenerse por tanto más importante. Junto al singular, expresión de la fe en la Iglesia única, se dio siempre, aún en tiempos que no se reflexionó objetivamente sobre ello, y hasta en los textos de Pío XII, un plural que rompía ese singular y deshacía insensiblemente una identificación sin reservas entre Iglesia católica y cuerpo de Cristo.

 /263/ El concilio pudo enlazar con estos datos  y lo hizo sobre todo mediante dos declaraciones. 1° Renunció al est de una identificación completa (Corpus Christi este ecclesia Romana Catholica), lo cual, como hemos demostrado, repugna precisamente a los datos fundamentales de la tradición católica. Por esta razón, en lugar del est se puso el más amplio subsistit (haec ecclesia… subsistit in ecclesia católica). (…) 2 ° El concilio recogió de forma consciente lo que hasta entonces no había sido objeto de reflexión y habló expresamente de ecclesiae y comuniones  o de communitates eclesiales. Con ello se hacía mención expresa, por decirlo así, del doble desnivel que suprime el est e impone el subsistit. Con esta apertura no queda desde luego suprimida la pretensión específica de la Iglesia Católica romana, pero se pone de relieve un déficit por ambos lados, un deber por ambos lados. De una parte, se pone así en claro que la Iglesia Católica muestra, al haberse hecho romana  en un sentido muy específico, un déficit respecto de un plural que debería  darse en ella. Pero se mantiene simultáneamente la idea de que las ecclesiae que están fuera de ella tienen por su parte un déficit de singular, de suerte que por ambos lados se da un deber  hacia algo que no está dado. (…) Partiendo de ahí pienso que resulta claro que la renuncia a hablar de retorno no es meramente una cuestión de vocabulario, sino la expresión de una nueva visión objetiva de la duplicidad del problema. “

No es posible aquí citar en su amplitud la evolución histórica del concepto de Cuerpo de Cristo tal cual lo desarrolla el teólogo José Ratzinger.  Pero lo citado es suficiente para darnos cuenta que afirmar que se desea la unidad de la Iglesia no es una herejía contra el credo.

 Los autores críticos pretendan imponer con aire magisterial sus propias ideas contrarias al genuino ecumenismo que camina hacia la unidad plena y visible de la Iglesia guiado por el Espíritu Santo.  Y sus argumentos difieren de lo que enseñó Juan Pablo II y enseña Benedicto XVI. Dejamos nota de que estos críticos no son abiertamente antiecuménicos ni rechazan el Concilio Vaticano II como los seguidores de Monseñor Lefrevre, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, u otros grupos separados como los denominados sedevacantistas, sino que por el contrario declaman seguir los lineamientos del CVII y las enseñanzas de los últimos Papas.

 La experiencia de siete años en los foros conversando, debatiendo y sufriendo sus censuras  nos permiten sugerir que se trata del tipo de personas a las cuales alude la encuesta del 2004 del Consejo Pontificio para la Promoción de la  Unidad de los Cristianos :

“Algunas respuestas han puesto de relieve la falta de motivación y de entusiasmo que deriva, en ciertos casos, de la sospecha de que el ecumenismo debilita la misión evangelizadora de la Iglesia. Algunos católicos consideran que el ecumenismo pone en peligro su fe y equivale a admitir una insuficiencia de la Iglesia católica, algo que no están dispuestos a aceptar. En algunas regiones donde la Iglesia católica tiene una amplia mayoría, el escaso número de cristianos pertenecientes a las demás Iglesias suele aducirse como justificación para la falta de iniciativas ecuménicas.
En otros lugares, a menudo, las comunidades evangélicas y pentecostales más recientes no suelen ser consideradas como genuinamente eclesiales, y el uso indiscriminado del término “secta” sigue provocando problemas en todos los continentes. Las comunidades eclesiales (baptistas, evangélicos, pentecostales) con las que la Iglesia católica mantiene un diálogo teológico y relaciones internacionales, que en algunos casos se llevan a cabo desde hace decenios, suelen incluirse en la lista de las sectas.”

La situación en Internet es peor aún que la descripta por la encuesta, ya que en los foros católicos se abusa de la denominación “protestante” para referirse a  los bautizados católicos que han abandonado la Iglesia católica y participan de alguna de las comunidades pentecostales y evangélicas. Comunidades a las cuales se las considera sectas.  Aunque la llamada a la unidad de Verdadera Vida en Dios es especialmente dirigida a  católicos, ortodoxos, y bautizados de las iglesias y comunidades eclesiales de la Reforma (ya  que cuando habla de protestantes se refiere a anglicanos y luteranos),  lo cierto que la acción de la ya desaparecida  fundación SPES – reemplazada luego por la RIES- , de colocar el nombre (sic) de Vassula en una lista de sectas en su sitio web contribuyó a  generar aún más confusión en la Internet de habla hispánica. Aunque SPES cerró hace unos años este sitio, hasta el presente, la mayoría de los sitios web  en español sigue manteniendo los artículos críticos contra Vassula – algunos escritos antes de que finalizara el diálogo entre ella y la CDF  –  en el sector sectas. Sólo uno o dos incluyeron en sus archivos junto a los artículos críticos las preguntas y respuestas entre la CDF y Vassula. La actitud general es desconocer este diálogo publicado expresamente a pedido del cardenal Ratzinger  como si fuera ajeno al proceso de esclarecimiento que inició la CDF.

 Versión reeditada y aumentada el 1 y el 3 de junio de 2010.

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7 comentarios »

  1. Leer el comentario de José Ratzinger Extra Ecclesiam nulla salus

    Comentario por admin — diciembre 9, 2011 @ 5:01 pm | Responder

  2. 9. El nombre de Jesús y la Iglesia

    …para reunir todas las cosas en Cristo,
    las del cielo y las de la tierra
    (Efesios 1,10).

    (…)

    42. Donde está Jesús, allí está la Iglesia. Quien está en Jesús, está en la Iglesia. Si la invocación del santo Nombre es un medio de unión con nuestro Señor, también es un medio de unión con la Iglesia que está en él y a la que ningún pecado humano puede alcanzar. Esto no quiere decir que cerremos los ojos a los problemas de la Iglesia en la tierra, a las imperfecciones y a la desunión de los cristianos.

    Ahora sólo nos interesa ese lado de la Iglesia que es eterno, espiritual, “sin mancha”, y que está implícito en el Nombre de Jesús. Cuando se la considera de este modo, la Iglesia trasciende toda realidad terrena. Ninguna división puede desgarrarla. Jesús dijo a la samaritana:

    Créeme, mujer, que llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero llega la hora –ya estamos en ella– en que los adoradores verdaderos adorarán en espíritu y verdad (Juan 4, 21. 23).

    Hay una aparente contradicción en las palabras de nuestro Señor:

    ¿Cómo podría estar la hora aún por llegar y encontrarse ya aquí? Esta paradoja encuentra explicación en el hecho de que la samaritana se hallara entonces frente a Cristo. Por una parte, la oposición histórica entre Jerusalén y Garizim todavía existía, y Jesús, lejos de tratarla como una circunstancia sin valor, enfatizó la superioridad de Jerusalén:

    Vosotros adoráis lo que no conocéis;
    nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos
    (Juan 4, 22).

    En ese sentido, la hora todavía no había llegado, sino que aún estaba en camino. Por otra parte, ya era la hora porque la mujer tenía ante sí a aquel que es más grande que Jerusalén o Garizim, aquel que lo explicará todo (Juan 4, 25) y en quien cabalmente podemos adorar en espíritu y verdad (Juan 4, 24). La misma situación se plantea cuando, invocando el Nombre de Jesús, nos aferramos a su persona. Seguramente no creeremos que todas las contradictorias interpretaciones del Evangelio que oímos en este mundo sean igualmente verdaderas ni tampoco que los grupos cristianos divididos reciban idéntica medida de luz. (…)
    Pero, al pronunciar el Nombre de Jesús con todo el corazón, totalmente entregados a su persona y a sus reclamos, compartimos implícitamente la integridad de la Iglesia y así experimentamos su unidad esencial, más profunda que todas las separaciones humanas.

    Fuente: “La invocación del Nombre de Jesús”

    Comentario por admin — mayo 25, 2012 @ 4:16 pm | Responder

  3. “La unidad no puede ser sino para la Gloria de Dios, venid entonces a alabar al Señor. No seáis como los paganos, diferenciándoos vosotros mismos en Cristo. Vosotros todos que estáis en Cristo deberíais ayudaros los unos a los otros y así cumplir la Ley de Cristo. Esta es una súplica para todos los Cristianos, de la Madre de vuestro Señor. ” VVeD 10.01.90

    Comentario por admin — mayo 28, 2012 @ 5:37 pm | Responder

  4. ¿Esta frase del Cardenal Koch será también herética para los comentaristas, blogueros y apologetas críticos de la Verdadera Vida en Dios?

    «Los acontecimientos que dividen a la Iglesia no pueden ser llamados un día de fiesta»

    Ver enlace: Cardenal Koch sobre el V Centenario de la Reforma

    Comentario por admin — junio 22, 2012 @ 6:11 pm | Responder

  5. ( El Padre Cantalamessa) Al referirse a la unidad, explicó que «la unidad que buscamos ya existe porque fue conquistada por Cristo y se hace operante en la iglesia por el Espíritu Santo. Pero todavía queda mucho por hacer.»

    El Espíritu Santo conduce a los creyentes a la unidad y a la verdad a través de dos caminos: uno, la unidad carismática y pentecostal y la otra es la unidad jerárquica e institucional: «El Espíritu precede -aseveró-, la institución no puede más que seguirlo».

    III Encuentro de Creces. Buenos Aires, 2006

    Comentario por admin — octubre 22, 2012 @ 4:10 pm | Responder

  6. “También en esto el Santo Padre ha sido muy, muy paciente, en buscar la unidad: meta que se construye día a día. Ha sido y sigue siendo un ejemplo de caridad paciente hacia todos, como dice el Apóstol, y para el futuro Papa. Hasta que no se forme un solo rebaño bajo un solo pastor.”

    EN: Don Bux: “La renuncia puede entenderse como un acto de gobierno que nos hace pensar en las divisiones internas ” 20.02.13

    Comentario por admin — febrero 20, 2013 @ 6:15 pm | Responder

  7. ¡Todos unidos! dice el Papa Francisco

    Comentario por admin — septiembre 26, 2013 @ 5:23 pm | Responder


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