"Aclaraciones útiles"

junio 9, 2010

¿Enseñar a pedir la bendición de la comida es banalidad?

En la celebración de la Beata Ana María Taigi (1769- 1837)  esposa y madre, vidente y profeta del Señor.

“Mis Obras no se ven con ojos de sabio. Se las he ocultado. Doy Mi Sabiduría escondida a los humildes y a los simples niños.” VVeD-12.09.87

  Hay cierto tipo de críticas que no merecerían siquiera considerarse por lo burdas y de mal gusto. Si les dedicamos nuestro tiempo es porque al aclararlas se advertirá una vez más que en la Verdadera Vida en Dios todo es enseñanza para nuestra generación descristianizada. No obstante no deja de ser sorprendente que sitios prestigiosos las mantengan en sus archivos en línea y que apologetas católicos se refieran a sus autores como “teólogos eminentes”. 

Comencemos con el primer ejemplo de supuesta banalidad:  

 “ (…) no pienso que sea insignificante su tenor banal y a veces próximo al “romance rosa” y a la zalamería. A propósito de banalidad:

 «Improvisamente he visto, con los ojos del alma, al Señor sentado a la mesa conmigo que me miraba comer:
– ¿Está rico?
– Sí, Señor. Te agradezco, Señor» (25-5-88).”

Estamos ante una evidencia más del método errado que usan todos los críticos para leer no sólo los Mensajes sino las enseñanzas del Magisterio y la notificación de la CDF, el cual consiste en ver el árbol pero no el bosque.  Leamos el Mensaje completo.  

Esta mañana yo estaba muy ocupada, de alguna manera era difícil discernir al Señor y hablar al mismo tiempo. Más tarde, me senté en la veranda para tomar mi almuerzo. Mientras estaba comiendo, de pronto, ví interiormente, con los ojos de mi alma, que El Señor estaba sentado a la mesa, conmigo, observándome comer. Él me dijo: “¿Está bueno?” Yo Le dije: “Sí, Señor, está bueno. Gracias, Señor“. Hubo una breve pausa y luego Él me preguntó: “¿Quieres que bendiga tus alimentos?”. Yo dije: “Sí, Señor. Hazlo”. Así que, Jesús bendijo mi comida. Él permaneció conmigo hasta que terminé. Entonces le di gracias por la comida. Esto fue para mostrarme que podía pedirle que bendijera mis alimentos antes de que yo comiera.
 Bienamada, esfuérzate en pedir Mis bendiciones. Yo bendeciré tus alimentos.
 Sí, Señor. Te doy gracias por enseñarme.
 Vassula, Yo te amo. Seré tu Divino Maestro hasta el fin. ”

Tenemos que suponer que para el crítico enseñar a la gente a pedir la bendición de los alimentos es una banalidad. Pero para Dios no lo es. Personalmente comencé a pedir la bendición de Jesús antes de comer, sola o en familia, luego de leer este Mensaje en especial. Provengo de una familia que no lo hacía y formé mi propia familia sin ese hábito.  Incorporarlo diariamente no es sencillo y cada vez que tengo la tentación de dejarlo me acuerdo de este Mensaje y pido la bendición de la comida a Jesús. Lo hago aunque un  profesor de teología moral piensa que es una banalidad.  

  Otra acusación de banalidad recae sobre los episodios en que Vassula piensa en los quehaceres domésticos mientras habla con Jesús:  

  “Hay episodios en los cuales la “vidente” demuestra incluso aburrirse o que está pensando en los quehaceres domésticos mientras “Jesús” está visiblemente en su presencia:

« – ¡Jesús, creo que tengo que irme!
¿dónde?
_ ¡Abajo, para controlar el horno que está prendido!» (16-5-87).”

Volvamos a leer el tema completo:

“Jesús, muchas personas no saben cómo acercarse a Ti. Estoy muy segura de eso.
-Pueden venir y hablarme, Yo las escucho. Puedo escuchar, durante horas, cualquier conversación. Me da tanta alegría cuando Me cuentan entre sus amigos.
-Ayer por la noche, un hombre me dijo que todas las mujeres desearían ser como Magdalena.
-“Lo”, 1 no todas.
-Bueno, entonces aquéllas que Te aman sí lo desean, probablemente.
-Soy Yo el que las quiero así.
-Jesús, creo que debemos apresurarnos.
-¿A dónde?
-Abajo, para revisar el horno.
-Ven, pues, vamos.”

El crítico parece que no ha sido jamás ama de casa. Por eso no sabe lo importante que es no dejar que la comida de toda la familia se queme porque la cocinera está conversando con Jesús. Pero Jesús, por el contrario, valora las tareas de las amas de casa y madres de familia y además quiere que nos acostumbremos a participarLe de todas nuestras tareas y actividades cotidianas ( por más banales que a los eminentes teólogos les parezcan).  El escucha, como un Amigo, todas nuestras preocupaciones cotidianas y quiere enseñarnos a que las convirtamos en oración incesante.  

   “-Señor, Compañero y Dios de mi vida, tengo que cumplir hoy algunas tareas de casa.
  -Lo sé, sé lo mucho que tienes que hacer y lo mucho que requiere una casa del ama de casa, y Me gusta y Me alegra que hagas tu trabajo. Estoy contigo a todas horas, hija Mía, y te digo: tu trabajo 1 no es en vano”. 2.07.1994   

   Sigue el crítico:   

   «De improviso me acordé de los quehaceres de la  casa» (8-7-89); (¡durante un diálogo con “Jesús”!).  
 
Veamos la frase  que lo escandaliza tanto en un contexto más amplio  :  
 Dice Jesús  Ven, tú que estás errando todavía en este desierto y vas diciendo: 
 “He buscado a Mi Redentor, pero no lo he encontrado”.
  Encuéntrame, Mi bienamada,
en la pureza de corazón,
amándome sin interés personal.
Encuéntrame en la santidad,
en el abandono que Yo deseo de ti.
Encuéntrame observando Mis Mandamientos.
Encuéntrame sustituyendo el mal con el amor.
Encuéntrame en la sencillez de corazón.
 No peques más, deja de hacer el mal,
aprende a hacer el bien, busca la justicia,
ayuda al oprimido.  

Que este desierto y esta aridez se regocijen,
que tu tibieza se inflame en una llama ardiente.
Renuncia a tu apatía y reemplázala con el fervor.  
Haz todas estas cosas para que puedas decir:
“He buscado a mi Redentor y Lo he encontrado.
Él estaba cerca de mí todo el tiempo,
pero en mi oscuridad no pude verlo.
¡Oh, Gloria a Dios! Bendito sea nuestro Dios.
¿Cómo he podido estar tan ciega?”  
Yo luego te haré recordar que guardes
y aprecies Mis Principios
para que puedas vivir.
Gracias Señor, porque ahora vas a transformar este desierto en fuentes abundantes.   
Recuerda Mis enseñanzas. Ven, recuerda Mi Presencia en todo momento. El Amor te ama. 1
 ¿Hacemos tus quehaceres juntos?
¡Oh sí, Señor!    
Entonces, hagámoslo juntos con amor. Sé una Conmigo.   
 
1 De repente recordé mis quehaceres de casa     
 
Lo que escandaliza al crítico es que Vassula recordó los quehaceres propios de su estado, de esposa y madre,  y Jesús le ofrece hacerlos juntos de acuerdo al sentido de lo que ha estado enseñando sobre Su presencia en nuestra vida. El está atento a nuestras necesidades y obligaciones aunque nuestra oscuridad no nos permita advertirlo.  
  
Otro ejemplo citado por el crítico:

   Jesús le dice: «La hora es un rival para Mí, cuando miras el reloj   mientras que estoy en tu compañía. (Lo había ofendido porque había    mirado el reloj)» (25-5-87).  

Leamos ahora el texto más amplio. Jesús le dice a Vassula:

“Un día, Yo inflamaré completamente tu Corazón, dejando que Mi Llama lo envuelva y lo devore.
-¿Y qué me sucederá, entonces, si, sólo por una chispa, me siento así?

(Era como si Jesús sintiese placer por haberme conquistado.)
-Sí, Yo Me deleito por haber triunfado y haber conquistado tu Amor. Cuando Mi Llama envuelva tu Corazón enteramente, tú nunca más te separarás de Mí, serás Mi esposa, en el Cielo. Yo te creé para Mí.
-Pero, entonces, ¿por qué estoy yo aquí? No comprendo.
– No, tú no puedes comprender, Vassula, pero, un día, comprenderás… el tiempo se convierte en un rival para Mí, cuando miras tu reloj mientras Yo estoy contigo.
Le ofendí, porque había mirado al reloj.
-Ven, hija, toma Mi Mano y vamos. Ven, ¡tenemos tanto trabajo!
-¿Este trabajo o el otro
5 ?
-Los dos, hija, a donde quiera que vayas, Yo estoy allí. Altar, Mi Llama debería estar encendida por siempre. Aniquílate en Mí.”
5: la casa.  

 ¿Quién de nosotros, en especial, si somos amas de casa de este tiempo, no hemos mirado el reloj o pensado en nuestras obligaciones cotidianas estando en misa, o rezando? Puede que el crítico nunca haya caído en tales actitudes – debería agradecerlo y no acusarnos por no tener su elevado nivel de concentración mental –  pero los seres humanos que vivimos en el mundo si, así somos de débiles. Y Jesús con amor nos recuerda que El es más importante que el reloj, gran tirano de las personas de este tiempo, tiempo que es pasajero, ante la eternidad en que estaremos en Su compañía sin rivales.  
  
Revicemos por último otro de los ejemplos del crítico:
 
«En ese momento yo me distraje, y Jesús  se interrumpió diciéndome: “Flor, domina tu apatía”» (1-6-89 ó 3-6-89   según las ediciones);

Volvamos a leer lo anterior en el contexto original de la conversación entre Jesús y Vassula:

“-Vengan a Mí, a Mis Brazos abiertos, arrójense en Mi Abrazo y sientan este Amor que tengo por ustedes. ¡Sientan esta Misericordia que tengo para todos ustedes! Regresen a Mí y Yo los sanaré. Atesoren y graben Mis Palabras en su corazón. No dejen que Mis Palabras se las lleve el viento. Vengan y fijen sus ojos en Mí y no dejen que nadie los aparte de Mí. Dense cuenta de las Gracias que les estoy ofreciendo cuando Yo, el Señor, estoy Presente…. “Flor, vence tu apatía.”1 ( Nota: En este punto me distraje. Jesús interrumpió Su Dictado y me dijo: “Flor, vence tu apatía”. Le pedí que me ayudara. Él me respondió: “Agrádame escuchándome”. De nuevo, le pedí que me ayudara, antes de continuar bajo Su Dictado.)
¡Señor Jesús, ayúdame a salir de ella!   
Agrádame y escúchame.
-Ayúdame a escucharte Señor mío…
Yo les pido solemnemente a todos que confiesen su culpa y que Me deseen. Mi Espíritu de Gracia se ha derramado sobre todos para sacarlos de este espíritu de letargo, que yace pesadamente sobre ustedes y para reanimarlos antes que comiencen a decaer, por tanto abran sus oídos y escúchenme. Yo sé cómo la mayor parte de ustedes están muertos ahora, aunque ustedes creen que están vivos, pero es debido a su resistencia a abandonarse enteramente a Mí.”   

La seriedad del Mensaje no merece precisamente el calificativo de banal como el crítico lo valora, por el contrario, Jesús aprovecha la debilidad de Vassula para hacer una diagnóstico de la enfermedad espiritual de este tiempo – el letargo, la apatía, la acidia–  y su remedio: el arrepentimiento y el deseo de Dios.    

Veremos en la próxima entrada que ese deseo de Dios hacia las almas y la respuesta que El trata de motivar en cada una de ellas es considerado por los acusadores críticos una zalamería propia del “romance rosa” cuando no de un mal deseo de la carne y no del espíritu.

  

  

  

 

 

 

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