"Aclaraciones útiles"

“No hay base en la obra escrita para tener la impresión de que me sitúo por encima de ambas iglesias”

Correspondencia entre Vassula y la Congregación  para la Doctrina de la Fe (Abril/Junio 2002)

“2ª Pregunta: Mi relación como cristiana ortodoxa con la Iglesia Católica Romana
 
Respuesta de Vassula:

“(…) En el Catecismo de la Iglesia Católica se dice sobre la Eucaristía, refiriéndose a San Agustín:

Ante la grandeza de este misterio [la Sagrada Eucaristía] San Agustín exclama: ‘¡Oh sacramento de piedad! ¡Oh signo de unidad! ¡Oh vínculo de caridad!’ Cuanto más dolorosamente se hacen sentir las divisiones de la Iglesia que rompen la participación común en la mesa del Señor, tanto más apremiantes son las oraciones al Señor para que lleguen los días de la unidad completa de todos los que creen en Él (CIC 1398).

El Señor nos urge a reconciliarnos y unirnos de nuevo. Como dijo recientemente un conocido cardenal católico a un sacerdote ortodoxo de Nueva York, amigo mío, que asistió a la misa de dicho cardenal en Roma, yo tengo el mismo convencimiento de que debe ser posible obtener de nuevo esa unión, alrededor de la mesa del Señor, entre católicos y ortodoxos, porque compartimos los mismos sacramentos y tenemos virtualmente la misma fe, aunque esté revestida de expresiones diferentes de fe y culto. He podido experimentar desde el amor ardiente de Nuestro Señor la profundidad de su deseo por la unión perfecta de su Cuerpo y creo que sufre un gran dolor a causa de nuestra falta de amor y comunión. Por tanto, no tengo mayor deseo que ver su Cuerpo unido de nuevo y estoy convencida de que nosotros, los cristianos, si realmente amamos a Jesucristo, debemos hacer todo lo que esté en nuestro poder para trabajar por la reconciliación de los miembros separados del cuerpo de Cristo.

Mientras tanto sé que esta unión no resultará fácil sino sólo a través de un milagro de Nuestro Señor. Aunque debemos hacer todo lo que podamos para avanzar en la unidad, Él ha prometido concedernos esa unión que será obra del Espíritu Santo puesto que, como dije en una ocasión anterior, en 1992, llegará tan de repente como la caída del muro de Berlín: “La Misericordia y la Justicia están obrando tales maravillas como no han ocurrido jamás en muchas generaciones, y la Unidad llegará sobre vosotros como la Aurora y tan repentinamente como la caída del comunismo. Vendrá de Dios y vuestras naciones lo llamarán el Gran Milagro, el Día Bendito de vuestra historia” (10.01.1990).

La Iglesia de Cristo es una en el sentido de que Cristo es uno y sólo tiene un Sagrado Cuerpo. Es la gente de la iglesia la que está dividida. Si los cristianos son capaces de ir más allá de los obstáculos negativos que los separan, obstáculos que según las Escrituras están en contra del cumplimiento de la unidad de fe, amor y culto entre nosotros, el Padre escuchará la oración ya expresada por su Divino Hijo cuando dijo: ” …que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 21).

Mientras espero esta gracia, sigo lo mejor que puedo los principios en el actual estado de cosas y estoy convencida de no infringir en la conciencia de los miembros de cualquier iglesia. En la pregunta se dice lo siguiente: “Sin embargo, leyendo sus obras se tiene a veces la impresión de que usted se sitúa por encima de ambas iglesias sin estar comprometida con ninguna…” No hay base en la obra escrita para tener la impresión de que me sitúo por encima de ambas iglesias. Tal como usted lo describe parece referirse más al nivel práctico.

En cuanto a la manera en que practico mi fe, soy ortodoxa y estoy plenamente comprometida con mi iglesia. Siempre que hay cerca una iglesia ortodoxa no dejo nunca de asistir a su Misa Dominical, a menos que, por supuesto, no haya ninguna, como en Dacca, Bangladesh, donde vivía. Justo antes de venir a Roma, donde ahora resido, viví once años en Suiza. Cada domingo iba a nuestra iglesia ortodoxa y el sacerdote griego de Lausanne, el P. Alexander Iossifides, es testigo de ello, así como los fieles que estaban en la iglesia y me veían con regularidad, a no ser que estuviera viajando, naturalmente.

Durante mis viajes en el extranjero, cuando se ha establecido un programa que debo seguir para dar mi testimonio, a veces -y añadiría, con muy poca frecuencia- puede ocurrir que los sacerdotes católicos o los obispos del lugar que me ha invitado a hablar, hayan programado a continuación una Santa Misa pública, en el mismo lugar donde he hablado; entonces permanezco con la gente para la Misa, como está en el programa, y recibo ahí la Sagrada Comunión.

Aquí en Roma vivo fuera del centro y bastante lejos de mi iglesia greco-ortodoxa, que está en el centro de Roma. Hay una iglesia ortodoxa eslava en Tre Fontane que solía frecuentar, pero no entiendo el idioma. Y por eso me permito de vez en cuando, puesto que estoy fuera la mitad del tiempo, recibir la Sagrada Comunión en el Santuario de Nuestra Señora del Divino Amor que está a tres kilómetros de mi casa.

Creo que el Concilio Vaticano Segundo me permite hacer esto cuando dice, como reitera el Catecismo de la Iglesia Católica: “Una cierta comunión in sacris, por tanto, en la Eucaristía, “no solamente es posible sino que se aconseja en circunstancias oportunas y aprobándolo la autoridad eclesiástica” (CIC 1399).

En el Decreto Orientalium Ecclesiarium del Vaticano II se declara: “…pueden ser administrados los sacramentos de la Penitencia, la Eucaristía y la Unción de Enfermos a los orientales que de buena fe se hallan separados de la Iglesia, con tal que los pidan espontáneamente y estén debidamente dispuestos”.

El Código Católico de Derecho Canónico declara:

Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y Unción de los Enfermos a los miembros de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia Católica, si los piden espontáneamente y están bien dispuestos; y esta norma vale también respecto a los miembros de otras Iglesias que, a juicio de la Sede Apostólica, se encuentran en igual condición que las citadas Iglesias orientales, por lo que se refiere a los sacramentos (Canon 844.3).

La carta encíclica del Papa Juan Pablo II, “Ut unum sint” prosigue estas afirmaciones con referencia a Orientalium Ecclesiarium:

En función de los estrechísimos vínculos sacramentales existentes entre la Iglesia católica y las Iglesias Ortodoxas, el Decreto Orientalium Ecclesiarium ha puesto de relieve que “la práctica pastoral demuestra, en lo que se refiere a los hermanos orientales, que se pueden y se deben considerar diversas circunstancias personales en las que ni sufre daño la unidad de la Iglesia, ni hay peligros que se puedan evitar, y apremia la necesidad de salvación y el bien espiritual de las almas. Por eso, la Iglesia católica, según las circunstancias de tiempos, lugares y personas, usó y usa con frecuencia un modo de actuar más suave, ofreciendo a todos medios de salvación y testimonio de caridad entre los cristianos, mediante la participación en los sacramentos y en otras funciones y cosas sagradas”. 12

En cuanto a la relación con las iglesias de la Reforma las cosas son algo más complejas. Muchas personas de educación protestante que leen la VVeD se hacen católicos por su libre elección, debido principalmente a las cuestiones acerca de la Eucaristía. Jesús no habla en los mensajes sobre la validez de sus sacramentos, pero urge a los protestantes una vez más a amar a la Madre de Jesús y a reconocer la función de Pedro:

Vassula, ha llegado el momento de unir Mi Iglesia. Uníos de nuevo, bienamados, venid a reconstruir estas antiguas ruinas; reconstruid Mis primitivos cimientos, unos cimientos establecidos por Mi propia Mano. Honrad a Mi Madre como Yo, que soy La Palabra y estoy por encima de todo, la honro. ¿No he de desear, pues, que vosotros, que no sois más que polvo y cenizas, La reconozcáis como Reina del Cielo y La honréis? Mi dolor hoy día es ver qué poco reconoce Mi creación Su importancia. La mayoría de Mis devotos que se hallan bajo el nombre de Lutero y se han aislado completamente deben volver a Pedro (22.12.1987).

En otro mensaje Cristo reprende a aquellos cristianos que son incapaces de ver la grandeza del misterio de la Eucaristía y la Divina Presencia de Cristo en ella:

…y así digo a esas iglesias cuyo clero no ha aceptado Mi Misterio: “Volved a vuestro sano juicio y buscadme fervientemente. Controlad también vuestro resentimiento hacia Mi Madre. Que toda raza sepa que Mi Carne y Mi Sangre vienen de Mi Madre. Sí, Mi Cuerpo viene de la Santísima Virgen, de sangre pura. ¡Bendito sea Su Nombre! Para salvar a todos los humildes de la tierra que Me reciben y para darles vida imperecedera, Me convierto en pan para darme a vosotros. Y por medio de esta Comunión, santifico a todos los que Me reciben, deificándoles para que se conviertan en carne de Mi Carne, hueso de Mis Huesos (…) a través de Mi Divinidad Yo deifico a los hombres (…) Ahora estoy siendo juzgado por los hombres. El Vestido 13 que os puede cubrir, ataviándoos majestuosamente, proporcionándoos una metamorfosis, divinizándoos, es rechazado por esas iglesias que no pueden comprender Mi Misterio… Hoy grito de nuevo desde el Cielo; “Hermanos, ¿por qué estáis socavando Mi Divinidad? Si vosotros reclamáis que sois los únicos que sabéis lo que está bien, entonces, ¿por qué está vuestro espíritu saqueando Mi Iglesia? (…) Os estoy invitando a celebrar la Misa y participar en el Misterio Divino de la manera que Yo verdaderamente instituí (…) Afirman Mi fuerza, proclamando Mi temible poder, cantándome sus alabanzas, reconociendo Mi Omnipotencia y Mis poderosas maravillas. Pero yo me convierto en un escollo cuando se trata de medir la magnificencia de Mi Divinidad y de Mi Presencia en la Eucaristía (16.10.2000).
Situación matrimonial

En su pregunta dice más abajo, refiriéndose a que recibo a veces la Sagrada Comunión en la Iglesia católica: “nuestra preocupación acerca de los seguidores católicos que pueden interpretar estas actitudes de una forma relativista y sentirse tentados de hacer caso omiso de la disciplina de su propia Iglesia”. Si según el Derecho Canónico que he citado más arriba se prueba que estoy en total concordancia con la ley canónica de la Iglesia Católica, no veo razón para que las personas católicas reaccionen de forma relativista.

No estoy a favor del divorcio y no busco promover entre los cristianos católicos que deba permitirse a los divorciados volver a casarse. Mi divorcio y segundo matrimonio civil fueron anteriores a mi conversión. Después de mi conversión, a la luz de los mensajes de la VVeD, descubrí que mi situación matrimonial no era regular. Sin embargo nadie sabía de esa situación excepto yo misma y también fui yo misma quien la deploró públicamente. Denuncié mi propia situación cuando de hecho nadie sabía nada acerca de ello. Habiéndome dado cuenta de mi equivocación, me puse en contacto con mis autoridades eclesiales en Lausanne y pasé por un proceso de aclararlo todo de acuerdo con los reglamentos matrimoniales ortodoxos. Soy, por tanto, una cristiana ortodoxa en paz con mi Iglesia y sus reglamentos, como cualquier otro cristiano ortodoxo y, como tal, estoy autorizada a recibir la Eucaristía en mi propia Iglesia y en la Iglesia Católica, de acuerdo con los principios mencionados más arriba. De ninguna manera hago caso omiso de los reglamentos de la Iglesia católica. Para su información adjunto mi Certificado de Matrimonio a este documento (Anexo 1).”

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