"Aclaraciones útiles"

Comentarios al Mensaje de la Virgen del 7 de enero de 2008

MENSAJE DE NUESTRA SEÑORA A VASSULA:
¿CÓMO DEBEMOS REACCIONAR?

Primero que nada, es importante mencionar que lo único nuevo en este Mensaje es la declaración de que estamos más cerca de acontecimientos que ya han sido profetizados. Los Mensajes de la VVeD contienen elementos apocalípticos, y algunos pasajes son dramáticos. Como ejemplo, vean el Mensaje 28 de abril de 1995, en el que Jesús está, aparentemente, hablando de lo que la Biblia llama “El Día del Señor”.

“Apareceré en un caballo blanco, como un guerrero de la justicia y juzgaré por todos Mis Santos, Apóstoles y Profetas, en contra del dragón, la Bestia, el falso profeta, alias la segunda bestia, y los tres falsos espíritus, y con Mi Espada golpearé a cada uno de ellos”.

Habla también de los seguidores de la Bestia, algunos que parece que se han infiltrado en la Iglesia. Dice:

“Extirparé a cada uno de ellos y los quemaré en el fuego, y Mi Aliento devorará a los demás como fuego…”

¿Qué es este fuego? Nuestro Señor habla de Su Aliento como “fuego”. En este Mensaje la palabra Aliento se escribe con “A mayúscula”, y así debe ser, porque el Espíritu Santo es el Aliento de Dios. El Espíritu Santo es el “fuego” que viene del Cielo.

Vassula nos ha aconsejado que cuando leamos este tipo de Mensajes, debemos buscar el significado espiritual. No debemos pensar solamente sobre acontecimientos físico-geográficos, sino sobre los cambios espirituales que el Nuevo Pentecostés traerá para cada uno de nosotros y cómo la clara revelación de la verdad (la “Espada”) actuará como juicio, especialmente sobre aquellos que han rechazado el Evangelio. Todo esto está profetizado en las Sagradas Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Por supuesto que, al leer el Mensaje de Nuestra Señora, debemos admitir que el castigo que viene (si es que de eso estamos hablando) incluirá de hecho acontecimientos físicos. El lenguaje del mismo innegablemente señala acontecimientos geográficos e históricos: la tierra escupirá, de sus entrañas, ríos de fuego.

Imágenes similares se pueden encontrar en los Mensajes dados al Padre Gobbi del Movimiento Sacerdotal Mariano (MSM se menciona al inicio de los Mensajes de la VVeD). Un Mensaje, en particular el del 15 de septiembre de 1993, habla sobre la venida del fuego y dice que una gran parte de la humanidad será destruida. En el mismo Mensaje, aunque no por nombre, se mencionan las Apariciones y el Mensaje de Akita, Japón. Imágenes similares se pueden encontrar en parte del Mensaje de Garabandal (mencionado en los Mensajes de la VVeD y en el libro del MSM).

Hay más que decir sobre esto, pero lo más importante es saber cómo tenemos que responder. Mantengámonos en el significado espiritual, ya que ésta es la interpretación más importante en este tipo de Mensajes.

Para empezar, el Mensaje es retador. Se nos pone frente a un espejo y se nos pide que nos miremos a nosotros mismos. ¿Somos verdaderamente seguidores de Cristo? ¿En verdad aceptamos los Mensajes de la VVeD? Estamos viviendo en tiempos peligrosos. Nuestros enemigos no siempre son visibles, pero son reales. ¿Estamos tomando en serio esta batalla? Los primeros Cristianos sufrieron, y muchos de ellos murieron, antes que negar a Cristo. Hicieron muchos sacrificios, los cuales algunas veces culminaron en el sacrificio máximo. ¿Estamos viviendo vidas cómodas? ¿Qué sacrificios estamos haciendo? Si volvemos al Mensaje de Fátima (1917), veremos que Nuestra Señora nos pide que “vivamos vidas buenas”, y eso significa ofrecer al Cielo todos los sacrificios que debemos enfrentar como resultado de esto. En otras palabras, los primeros sacrificios que ofrecemos son los que llegan mientras tratamos de vivir la vida Cristiana de acuerdo con nuestras vocaciones, posiciones en la vida (por ejemplo, seamos casados o no), y la ubicación geográfica. En muchos casos, esto será suficiente. ¡Sólo piensen en los Cristianos que viven en Pakistán!

Para muchos en el Oeste, afluente económicamente, se necesita más, pero “más” no siempre significa “grande”. Nunca debemos de dejar que pase un solo día sin hacer algún sacrificio. Podemos ofrecer varios pequeños sacrificios. No debemos de tratar de hacer más de lo que Dios nos pide, ni presumir que se nos está pidiendo que hagamos sacrificios más allá de nuestras fuerzas. Debemos evitar el orgullo espiritual. Igualmente, no se nos está dando permiso de dañar nuestra salud. No hay necesidad de hacer una lista del tipo de sacrificios voluntarios que podemos hacer. No requiere mucho de nuestro esfuerzo decidir qué podemos hacer. Sin embargo, lo principal es aceptar los sacrificios que siguen a nuestro compromiso de vivir una Verdadera Vida en Dios, ya sea que esto implique más y mejor oración, servir a los pobres, dar testimonio o el sufrimiento real en unión con Cristo. La aceptación paciente de la persecución es parte del compromiso.

Al mismo tiempo, no se nos está pidiendo que estemos constantemente tristes. Santa Teresa de Ávila oraba: “¡Señor, líbranos de santos tristes!”. No se nos pide que renunciemos a todas las actividades placenteras. En estos tiempos, frecuentemente necesitamos relajarnos y algo de entretenimiento no es malo. Pero debemos de asegurarnos que todo sea hecho con el Señor. Si nos invitan a algún lado o a hacer algo que sabemos que no podemos hacer en Su Compañía, entonces no debemos de aceptar. Esto es un ejemplo del tipo de sacrificio que debemos hacer si queremos permanecer fieles a nuestro compromiso. El Señor no nos pide que estemos tristes y Él no nos pide que todos vivamos como ermitaños. Si eres un ermitaño, entonces tienes que vivir como tal, pero ni siquiera a los ermitaños se les pide que estén tristes. Todas nuestras actividades se realizan en Su Presencia, ya sea que lo sepamos o no. Como lectores de la Verdadera Vida en Dios, se nos pide que vivamos el “nosotros”. Lo que esto implica es que no pequemos y que ofrezcamos TODO lo que hacemos, pensamos y decimos, en unión con los Dos Corazones. Jesús está con nosotros ya sea si estamos en la Iglesia o en el cine. Puesto que Él va con nosotros, debemos de estar conscientes de lo que Él quiere y decidir lo que debemos ver y no ver, hacer y no hacer, en función a ello. Esto no significa que estemos ansiosos en relación con nuestras actividades de entretenimiento, sino mantener un equilibrio sano en nuestras vidas diarias.

Uno de los temas más retadores del Mensaje dado por Nuestra Señora se encuentra al final. Ella le pide a Vassula (y a nosotros) que “se recoja más al orar”. Nuevamente, nos encontramos con la necesidad de hacer sacrificios. Uno de los grandes secretos de la vida espiritual es la concentración. Podemos describirlo de la siguiente manera: todo lo que hacemos puede convertirse en oración. No necesitamos pelear y luchar con esto, sino simplemente decir “Señor, te ofrezco esto”, y después hacer nuestro mejor esfuerzo para concentrarnos en lo que sea que estemos haciendo. Por ejemplo, en el caso de un monje benedictino, su trabajo en el jardín o en la fábrica de velas (o cualquier otro) es importante y puede ser ofrecido a Dios. Para ofrecerlo de manera correcta, es decir, una buena oración, el monje debe de prestar atención a lo que está haciendo. La buena oración nos puede enseñar a concentrarnos y a ser conscientes de Dios a diferentes horas del día. La oración constantemente distraída y la oración en la que estamos pensando a futuro, por ejemplo, pensando en lo que vamos a hacer después, necesita ser cambiada. No podemos evitar las distracciones, pero podemos recogernos y recuperar nuestra concentración. Es el esfuerzo lo que cuenta, junto con la intención de nuestro corazón.

La palabra “inmolación” puede causar algo de problemas. ¿Qué significa? Una definición es “morir a través del fuego”. Esta definición es buena, ya que hay partes y cosas de nosotros que tienen que morir. El yo, consentido y egoísta, tiene que ser sanado y la medicina es “morir a sí mismo”. Esto significa decir “¡No!” a esa parte de nosotros mismos. Significa disciplina y significa sacrificio. El ayuno forma parte del proceso de sanación. Otro aspecto de la inmolación es que tiene algo del significado de ofrecimiento. ¿Qué le estoy ofreciendo a Dios? Si permito al fuego del Espíritu Santo que me purifique, lo que está espiritualmente muerto en mí, puede ser finalmente destruido y removido. Lo que puedo entonces ofrecer a Dios es a mí mismo, purificado por el fuego (inmolado). El amor de Dios puede arder dentro de mí y matar los pecados e imperfecciones. Esto no es trabajo de un día o un año, pero tener la intención es importante. Al final del día, es el trabajo de Dios, y yo coopero con Él. También soy inmolado a través del sacrificio de la obediencia. La obediencia puede ser un verdadero sacrificio, la negación del orgullo y una elección de humildad (inclusive en algunos casos, la humillación). “Aquél que se humilla a sí mismo será exaltado”.

Como dije al principio, no hay nada nuevo aquí. ¿No estamos familiarizados con la invitación a “aniquilar” todo lo que somos, para que podamos recibir “todo lo que es” Cristo? Básicamente, estamos leyendo el mismo llamado a la santidad que ya tenemos en los Mensajes. Vivan los Mensajes y estaremos en unión con Dios. ¿Qué más necesitamos saber?

Padre John Abberton
Boletin de la VVeD en español de 15 de marzo de 2008

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