"Aclaraciones útiles"

Fátima y aledaños

Fátima y aledaños

El juicio sobre las apariciones marianas corresponde a una de las cuatro secciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la sección llamada «disciplinar»).

Le pregunto: Cardenal Ratzinger, ¿ha leído usted el llamado «tercer secreto de Fátima», el que sor Lucía, la única superviviente del grupo de videntes, hizo llegar a Juan XXIII, y que el Papa, después de haberlo examinado, confió al predecesor de usted, cardenal Ottaviani, ordenándole que lo depositara en los archivos del Santo Oficio?

La respuesta es inmediata, seca: «sí, lo he leído».

Circulan en el mundo —continúo— versiones nunca desmentidas que describen el contenido de este «secreto» como inquietante, apocalíptico y anunciador de terribles sufrimientos. El mismo Juan Pablo II, en su visita pastoral a Alemania, pareció confirmar (si bien con prudentes rodeos, hablando privadamente con un grupo de invitados cualificados) el contenido, no precisamente alentador, de este escrito. Antes que él, Pablo VI, en su peregrinación a Fátima, parece haber aludido también a los temas apocalípticos del «secreto». ¿Por qué no se ha decidido nunca a publicarlo, aunque no fuera más que para evitar suposiciones aventuradas?

«Si hasta ahora no se ha tomado esta decisión —responde—, no es porque los papas quieran esconder algo terrible».

Entonces, insisto, ¿hay «algo terrible» en el manuscrito de sor Lucía?

«Aunque así fuera —replica, escogiendo las palabras—, esto no haría más que confirmar la parte ya conocida del mensaje de Fátima. Desde aquel lugar se lanzó al mundo una severa advertencia, que va en contra de la facilonería imperante; una llamada a la seriedad de la vida, de la historia, ante los peligros que se ciernen sobre la humanidad. Es lo mismo que Jesús recuerda con harta frecuencia; no tuvo reparo en decir: «Si no os convertís, todos pereceréis» (Lc 13,3). La conversión —y Fátima nos lo recuerda sin ambages— es una exigencia constante de la vida cristiana. Deberíamos saberlo por la Escritura entera».

¿Quiere esto decir que no habrá publicación, al menos por ahora?

«El Santo Padre juzga que no añadiría nada a lo que un cristiano debe saber por la Revelación y, también, por las apariciones marianas aprobadas por la Iglesia, que no hacen sino confirmar la necesidad urgente de penitencia, de conversión, de perdón, de ayuno. Publicar el «tercer secreto» significaría también exponerse a los peligros de una utilización sensacionalista de su contenido».

¿Entran tal vez en consideración —aventuro— implicaciones políticas, teniendo en cuenta que, al parecer, también aquí —como en los otros dos secretos»— se menciona a Rusia?

Pero el cardenal dice que no puede extenderse más sobre este punto y se niega con firmeza a entrar en más detalles. Por otro lado, mientras se desarrollaba nuestro coloquio, no hacía mucho que el Papa había consagrado de nuevo el mundo (con una mención particular al Este europeo) al Corazón Inmaculado de María, respondiendo así a la exhortación de la Virgen de Fátima. Y el mismo Juan Pablo II, herido en atentado un 13 de mayo —aniversario de la primera aparición en la localidad portuguesa—, viajó a Fátima en peregrinación de acción de gracias a María, «cuya mano —dice—, ha guiado milagrosamente el proyectil», haciendo alusión, al parecer, a las profecías que, a través de un grupo de niños, fueron transmitidas a la humanidad y en las que se hace referencia también a la persona de los pontífices.

Sobre el mismo tema, es de todos conocido que, desde hace años, un pueblo de Yugoslavia, Medjugorje, se ha hecho centro de la atención mundial por las repetidas «apariciones» que —verdaderas o no— han atraído ya a millones de peregrinos, pero que también han provocado dolorosas polémicas entre los franciscanos que rigen la parroquia y el obispo de la diócesis local. ¿Es previsible una intervención clarificadora de la Congregación para la Doctrina de la Fe, suprema instancia en la materia, contando naturalmente con la aprobación del Papa, indispensable para todos sus documentos?

Responde: «En este terreno, más que en ningún otro, la paciencia es un elemento fundamental de la política de nuestra Congregación. Ninguna aparición es indispensable para la fe; la Revelación ha llegado a su plenitud con Jesucristo; El mismo es la Revelación. Pero no podemos ciertamente impedir que Dios hable a nuestro tiempo a través de personas sencillas y valiéndose de signos extraordinarios que denuncian la insuficiencia de las culturas que nos dominan, contaminadas de racionalismo y de positivismo. Las apariciones que la Iglesia ha aprobado oficialmente —Lourdes, ante todo, y posteriormente Fátima— ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la Iglesia en el último siglo. Muestran, entre otras cosas, que la Revelación —aun siendo única, plena y, por consiguiente, insuperable— no es algo muerto; es viva y vital. Por otra parte —al margen del caso de Medjugorje, sobre el que no puedo expresar juicio alguno por estar todavía sometido a examen en mi Congregación—, uno de los signos de nuestro tiempo es que las noticias sobre «apariciones» marianas se están multiplicando en el mundo. A nuestra sección disciplinar llegan informes de África, por ejemplo, y de otros continentes».

Además del elemento tradicional de la paciencia y de la prudencia, pregunto, ¿en qué criterios se apoya la Congregación para emitir un juicio ante la multiplicación de estos hechos?

«Uno de nuestros criterios —dice— es distinguir entre la verdadera o presunta «sobrenaturalidad» de las apariciones y sus frutos espirituales. Las peregrinaciones de la antigua cristiandad se dirigían hacia lugares que dejarían perplejo a nuestro espíritu crítico de hombres modernos en cuanto a «verdad científica» de la tradición que a ellos se vincula. Esto no quiere decir que aquellas peregrinaciones no fueran fructíferas, beneficiosas e importantes para la vida del pueblo cristiano. El problema no estriba tanto en la hipercrítica moderna (que acaba, por uno u otro camino, en una nueva forma de credulidad), sino en la valoración de la vitalidad de la ortodoxia de la vida religiosa que se desarrolla en estos lugares».

Informe sobre la fe

http://www.conoze.com/doc.php?doc=7258

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