"Aclaraciones útiles"

¿Readmitir en los sacramentos a los casados en segundas nupcias?

06/28/2011
 
Matrimonio, el divorcioMatrimonio, el divorcio

En el primer milenio se podía…

Fabrizio Mastrofini
Roma

 El tema (y el problema) de los separados y los divorciados excluidos de los sacramentos (la comunión en particular), es muy sonado, incluso si es subterráneo en la Iglesia italiana. De vez en cuando se organizan convenios, a menudo se habla en las cartas que llegan a periódicos y publicaciones católicas. La posición oficial es conocida: exclusión de los sacramentos, la oficiosa, es más tolerante y no faltan párrocos que dan igualmente la comunión, otros más prudentes, aconsejan ir a otra iglesia donde no se sea conocido. En cada caso florecen libros y caminos pastorales (es decir de pedagogía de la fe) creados aposta para separados y divorciados, en segundos matrimonios o no.

 Entre esos, de naturaleza más o menos espiritualista, una excepción, un ensayo concreto e novedoso y por eso poco conocido, que indica un nuevo camino. Podemos imaginar que separaciones y segundos matrimonios hayan existido desde siempre, desde el inicio del cristianismo. Don Giovanni Cereti, teólogo de Génoca, ha querido entender cómo se hacía en el primer milenio. Entendámonos: la ruptura del matrimonio era también entonces un pecado grave. Pero se podía ser readmitido a los sacramentes sin necesidad de vivir “como hermano y hermana” con el nuevo cónyuge, como se pretendería ahora, como poca concreción. El punto de partida es un misterio histórico. ¿Cómo hacemos para saber que había una readmisión en los sacramentos?

 Lo deducimos del canon 8 del primer concilio de Nicea (325 d.C) que readmitía a los herejes en la Iglesia si declaraban aceptar, entre las doctrinas y las prácticas antes refutadas, también los sacramentos para los “digami”. Y después de un largo examen, Cereti concluye que los “digami” eran los que vivían en segundas nupcias, es decir los re esposados de la época. ¿Y cómo era posible?

 La Iglesia ha siempre considerado el divorcio un pecado grave, sin embargo, en el primer milenio estaba en vigor una praxis (existente todavía en la Iglesia ortodoxa), que los readmitía en los sacramentos. Y frente a los problemas, contestaciones, sufrimiento de un procedimiento rígido como el de hoy, concluye Cereto: ¿realmente las segundas nupcias son así de graves? Cuando una persona decide de verdad empezar una nueva vida se puede “en muchos casos reconocer que es el segundo matrimonio el que se manifiesta como viva y vital y que debe ser considerado como lo que Dios realmente ha unido, y que es probable esta segunda unión la que puede ser reconocida como un signo de el amor fiel de Dios en contra de un pueblo pecador”. Al menos así pensaban en el primer milenio cristiano.

 Cereti G., Divorziati risposati, Cittadella, Assisi 2009

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