"Aclaraciones útiles"

Revelaciones “privadas” por Fr. Ljudevit Rupcic

Fr. Ljudevit Rupcic escribe un trabajo teológico pastoral en 1995 donde expone su posición sobre las revelaciones en general y la de Medjugorje en particular, y expone las razones por las cuales debe darse credibilidad a las de la Reina de la Paz.

“El término revelaciones “privadas” desde hace bastante tiempo se ha hecho una costumbre en la teología. En contraste con la revelación pública. Sin embargo, una revelación pública sería la que es dada en la Biblia y privada la que es dada aparte de la Biblia. Consecuentemente, sería más justificado hablar de revelación bíblica y extra bíblica.

Con todo, asignar mayor honor y significado a la [revelación] bíblica que a la otra no tiene realmente razón de ser. Y es que si ambas son auténticas, si ambas provienen de Dios, de acuerdo a su origen, ambas son divinas e igualmente valiosas. Ambas, la una y la otra, Dios pretende dirigirlas al pueblo y quiere que éste acepte a las dos. De otro modo, no habría razón para que El hablara del todo. Si existe alguna diferencia justificada entre ellas, no puede ser jamás en el sentido de que una obliga y la otra no. Ambas obligan. Porque a quien ha sido tocado por ellas y a quien ha alcanzado razones suficientes y la seguridad moral en relación a su autenticidad, ambas lo obligan igualmente.

La revelación contenida en la Biblia es llamada “canon”, esto es, la regla de la Fe. La autenticidad de cualquier otra revelación se mide de algún modo de acuerdo a ella. Antes que nada, todo lo que sea contrario a esa revelación no sería auténtico, esto es, falso. Consecuentemente, la revelación bíblica provee una garantía de certeza y, en un modo negativo, que una revelación contraria es falsa. Aún más, la autenticidad de la revelación bíblica es garantizada por el Magisterio de la Iglesia al que Cristo concede el Espíritu Santo, a fin de preservar fielmente esa revelación e interpretarla infaliblemente. Para la revelación extra bíblica, el magisterio no tiene directamente esa autoridad, sino indirectamente. Esto significa que, si estableciera que una revelación extra bíblica es contraria a la bíblica, sería seguro que no es auténticamente divina del todo. Y es que, “aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciará un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema!” (Gal 1,8). Por otro lado, si el Magisterio de la Iglesia de algún modo llegara incluso a confirmar una revelación extra bíblica, no estaría uno obligado simplemente por eso a aceptarla como auténtica. Si uno tiene razones propias, debe aceptarla con fide divina. Pero si no tiene sus propias razones, puede rechazarla o dudar de ella. En este caso, la persona no está obligada fide catholica.

La historia de la Iglesia da testimonio de que siempre han habido revelaciones extra bíblicas. De acuerdo a su forma y estructura, son iguales a la revelación bíblica y están generalmente ligadas con apariciones o visiones. Usualmente era Jesús el que se aparecía, los Ángeles y los Santos. Pero en tiempos recientes, es más frecuentemente la Santísima Virgen María [quien se aparece].

Las locuciones (audiciones) también están conectadas con visiones. Las más recientes apariciones de la Santísima Virgen en La Salette, Lourdes, Fátima y Medjugorje así lo confirman. Los videntes, además de ver a Nuestra Señora, también escuchan sus mensajes que generalmente llaman a la conversión, la oración -especialmente el rosario-y la penitencia. De ese modo, están tanto más orientadas hacia la renovación y el florecimiento de la vida de la Iglesia que a dar una nueva verdad de la Fe.

Nadie puede cerrarle la boca a Dios. El no ha terminado Su conversación ni Su revelación al pueblo. Esta sigue adelante continuamente, en la Iglesia y en el mundo, de diversos modos. El discurso de Dios, en un sentido más amplio, toma la forma de una visión o al menos nadie puede refutarlo. Por tanto, las revelaciones extra bíblicas no son sólo posibles sino actuales. El Espíritu de Dios que Cristo envía continuamente a la Iglesia recuerda a ésta las palabras de Jesús y la conduce a la verdad completa (Juan 16,13). El no lo realiza simplemente por medio de la jerarquía, sino también a través de carismas y de sus portadores porque la Iglesia no es sólo jerárquica sino también carismática. Es por eso que el Espíritu Santo no está atado a la jerarquía, sino viceversa. El es libre y sopla donde quiere. El da incentivos a la Iglesia y conduce a la Iglesia también a través de los carismáticos. Ni la jerarquía ni los carismáticos pueden usurpar para sí el derecho exclusivo de hablar y actuar en nombre del Espíritu Santo. Sus ministerios se originan en el mismo Espíritu y deben armonizarse. Así pues, ni la jerarquía ni la Iglesia pueden ser autocomplacientes e indiferentes hacia las visiones, apariciones y revelaciones. La jerarquía no sólo debe no rechazarlas y tampoco simplemente tolerarlas, sino que debe aceptarlas y fomentarlas también. De otro modo, estaría rechazando al Espíritu mismo.

La visión y la revelación pertenecen al carisma profético, del cual la Iglesia no puede carecer y esto, no porque sea necesaria una nueva doctrina o verdad después de la revelación bíblica, sino porque es necesaria una nueva luz, un mejor entendimiento de esa misma doctrina o verdad y, especialmente, porque se requiere una nueva orientación e ímpetu para la actividad humana.

Una postura crítica hacia la revelación extra bíblica se ha manifestado en menor o mayor medida a lo largo de toda la historia. Con el comienzo de los tiempos modernos, se han iniciado debates más grandes y más numerosos acerca de ellas. Según los mismos, el mejor signo de autenticidad de una revelación y visión extra bíblica es su concordancia con la revelación bíblica. Se afirma, que el contenido de una revelación extra bíblica, que sobrepasa las capacidades de los videntes, habla mucho a su favor. En ello, juega un papel importante la salud mental y física del sujeto. La santidad personal y el estado de gracia contribuyen a su autenticidad, si bien no son indispensables. En principio, incluso grandes defectos morales no son un obstáculo para la autenticidad de la revelación. El heroísmo moral del sujeto de la visión contribuye positivamente a la autenticidad de la verdad. En ello, atendiendo a las circunstancias, los errores que la acompañan también significan algo, si bien no son necesariamente considerados como un criterio negativo. Estos criterios internos son acompañados por los externos: milagros y aprobación de la Iglesia. El involucramiento en alguna cuestión controversial y los asuntos políticos habla en contra de la autenticidad de la visión porque las visiones sirven al reino de Dios y no a la curiosidad o a algún propósito enteramente de este mundo.

Las revelaciones extra bíblicas, en general, no implican nuevas verdades, sino quizá simplemente un mejor reconocimiento de las verdades bíblicamente reveladas y cuanto más, ciertamente, la demanda de una mejor y más urgente aplicación de la revelación bíblica en alguna postura particular de la Iglesia o de grupos individuales dentro de ella. En general, pretenden inspirar a la gente a la Fe y la conversión y de ese modo, conducirlas a la salvación. Son más bien peticiones e incentivos más que aserciones. Su propósito es orientar el comportamiento del pueblo hacia Dios. En este sentido, Santo Tomás de Aquino dice: “Cuando no haya más revelaciones, la gente se quedará sin guía” (Summa II-II. q. 174 a.6). Esta es la razón de que siempre haya habido profetas en la Iglesia que efectivamente no proclamaron una nueva doctrina, sino que dieron una orientación a la actividad humana. El mismo Santo Tomás de Aquino subraya: “La revelación es dada para beneficio de la Iglesia” (Summa II-II. q. 172 a.4). Nos llama a una vida cristiana más auténtica y señala la necesidad y los medios que son de más alta prioridad. Es la respuesta del cielo a cuestiones particulares de los tiempo y de este modo, ayuda más que cualquier empeño intelectual y teológico.

Puesto que las revelaciones extra bíblicas son extraordinarias y llamativas, generalmente provocan mayor atención que la proclamación ordinaria de las verdades bíblicas y las directrices de la Iglesia y actúan como terapia de choque. Es bien sabido que las apariciones en Lourdes, Fátima y Medjugorje han intensificado la devoción y han despertado la vida espiritual alrededor del mundo. Han contribuido en gran medida a la renovación de la confesión y la reverencia por la Eucaristía.

Un énfasis demasiado grande en alguna revelación extra bíblica en vez del Evangelio no sería saludable ni normal. La revelación bíblica tiene preferencia pero la extra bíblica no debe ser rechazada, simplemente porque también proviene de Dios y porque con ella, Dios quiere decir algo al hombre. Es por eso que en ambos casos la palabra de Dios obliga.” (…)

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